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21
Ago

CELDA 12. ¡¡¡¡¡ CONTROL !!!!!

Escrito por MARTIN ALMADA on 21 August 2016.

Es el grito con que me despertaron en el Campo de Concentración  de Emboscada, a 45 Km.de Asunción, una madrugada de 1977, durante el  gobierno  de “Paz y progreso sin comunismo “de Alfredo Stroessner.
Eran las cinco de la mañana y hacia frio dentro de esa montaña de piedra donde fue construido un cuartel  tipo feudal. Un bruto sargento nos ordenó ponernos de pie, pasó lista de los prisioneros políticos y nos  conminó volver a nuestros lugares.
Sentado  en una esquina de la CELDA 12  que compartía con 45 compañeros víctimas envuelto  en una vieja frazada, traté de comprender la situación. Miraba los barrotes de  celda  y  no me resignaba a aceptar la realidad. Estaba rodeado de caras extrañas y doloridas de hombres que se acurrucaban para defenderse de la baja temperatura acusados de ser comunistas, es decir, de gentes que atentaban contra la civilización occidental y cristiana.
La Celda 12 estaba destinada exclusivamente  a los prisioneros políticos que  pensaban que  DARWIN descubrió la ley de la evolución de la naturaleza y  que MARX descubrió la ley de la evolución en la historia.
Estuvimos en ese Campo de Concentración más de 400 prisioneros y para evitar la contaminación ideológica nosotros los de la CELDA 12, teníamos horarios diferentes sobre todo los momentos destinados a recreos.
Supuestamente, estábamos en la CELDA 12 la flor y nata del marxismo leninismo, trotskistas, maoístas, ligas agrarias campesinas, Teología de la liberación, independientes, liberales, PM,(organización política/militar), febreristas, PORA (Partido Obreros Revolucionario Armado).
Yo pertenecía al Movimiento Popular Colorado,(MOPOCO), reformista porque mi lucha fue mejorar la condición económica y social del magisterio. También porque aplicamos en mi Escuela la metodología de la educación liberadora de Paulo Freire.
Finalmente, salimos de ese infierno la mayoría socialistas. Socialistas por contaminación. La ironía del destino…
Recuerdo que durante el control hubo un intenso barullo  al que sucedió un silencio inquietante. El silencio de las cárceles es más silencioso que los otros.
El asedio de la angustia, sumado al ronquido de mi vecino, no me dejaban dormir.
Mi hija Celeste, huérfana,  de 7 años de edad, estaba en la celda de las mujeres seguramente sufriendo el frio como nosotros. Pero ella tuvo la suerte de compartir el catre de la prisionera heroica,  Dra. Gladys M.de Sannemann. Estaba seguro que  ella  estaría  bien protegida,  pensamiento  que me tranquilizó.
Como a las seis, tomamos el desayuno en el comedor, es decir, bajo la sombra de un frondoso árbol de “Guapo’ y” bajo la mirada atenta del coronel José Felix Grau, EL CARNICERO DE LA MUERTE, comandante de la prisión con el jefe de Guardia, Mayor Fidel LARRAMENDIA, gordito, tan  petisito que su sable de acero muy largo, tocaba la tierra haciendo un particular ruido de metal tililin, tililin…
Nos instalamos con Celeste en la cola de la fila para poder conversar muy discretamente. Estaba prohibido “hablar”. Teniamos miedo que nos castigara el  famoso coronel Grau ,borracho consuetudinario.   El desayuno era servido en  un jarro de lata con mate cocido negro  con tres galletas cuartel, es decir, duras como una piedra. El mate cocido tenía un gustito a  nafta porque el agua que trajea el burrito era del contaminado rio Piribebuy en un  envase  vacio de nafta Shell de 200 litros. Al imperio le sentíamos hasta en nuestras tripas.
Compartí el desayuno con mi hija Celeste  que llegó envuelta en una frazada y me dio un fuerte abrazo. Vino al comedor en compañía de la Dra.Sanneman. Noté que no le gustó el desayuno pero teníamos hambre atrasada. No teníamos opción: SHELL O NADA., SHELL O ESSO, mas marcas preferidas en Paraguay para lo lujosos vehículos.
Luego el Sargento ordenó:   “Cada uno a su celda”
Varios de mis compañeros se volvieron a dormir y se sentía en la celda el fuerte olor de la nafta. Recordé  su propaganda radial: “cargue nafta Shell, un tigre en su motor” pero nunca pensé que cargaríamos  ese veneno en nuestro  motor estomacal que nos provocaba  permanente diarrea.
Yo intenté hacer los mismo, es decir, dormir,  pero en mis oídos resonaba todavía el grito del analfabeto sargento (seguramente  entrenado  en la Escuelas de las Américas en Técnicas de torturas, Zona del Canal de Panamá).  CELDA  12, ¡CONTROL!
Era un grito que me resultaba familiar, que había oído antes. Cuando? Donde? Me puse a pensar .Hasta que me di cuenta de que lo familiar no eran los términos, sino el volumen de la voz, la expresión de la prepotencia militar/policial.
La  historia de esta pesadilla había  comenzado tres años antes, cuando en mi pueblo, San Lorenzo, el 26 de noviembre de 1974, local del Instituto “ Juan Bautista Alberdi”  donde me desempeñaba como Director,  me detuvo la policía política de Alfredo Stroessner,  junto con mi sobrino argentino de 17 años, Lorenzo Lidio Jara Pérez que estaba de visita proveniente de Clorinda. Nos lanzaron como “papa”  al interior del famoso “CENTRO DE TORTURA MOVIL” marca Chevrolet de la GENERAL MOTORS.”Un centro móvil  utilizado para el “precalentamiento” a cargo de policías karatecas. El vehículo era más bien conocido como la famosa “Caperucita Roja” que provocaba pánico cuando pasaba por las calles de nuestro barrio.
Llegamos a Asunción alrededor de las 20.00 pm. A Lorenzo Lidio lo llevaron  a la Sala de Tormento donde perdió un ojo  y a mi  directamente a la  Oficina del Jefe de Investigaciones, Pastor Coronel, donde se instaló un Tribunal militar de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay ( OPERACIÓN CONDOR ),quienes me sometieron durante 30 dias  de interrogatorios/torturas  terminó calificando mi delito como  TERRORISTA INTELECTUAL.
Posteriormente, me comentaron que Stroessner estaba sentado en el fondo del tribunal para escuchar mi declaración y condena.
Me tuvieron desnudo esposado y engrillado, solamente faltaba que coloraran en mi frente la palabra  INRI, es decir “instigador natural de la rebelión de los infelices”, parafraseando al destacado poeta   salvadoreño, Roque Dalton.

Luego de recorrer varios centros de torturas me llevaron al Campo de Concentración de Emboscada el 6 de setiembre de 1976  donde  el aullido, digo, grito de un Sargento nos conminaba en estos términos que se repiten hoy  en mis terribles pesadillas nocturnas, CELDA  12, ¡¡¡CONTROL!!!